1.05.2009

Call of Duty, World at War. Menos lobos, tío Pinto

Apetecía sentir la desaforada adrenalina de la guerra para desahogar penas y pesares, y opté por la última entrega de esta afamada franquicia. Call of Duty, World at War (Treyarch, 2008) resulta un juego aceptable para incondicionales del género, aunque cae en la rutina del gatillazo y tentetieso, muy a pesar de las campañas publicitarias que venden como novedad la misma idea de siempre.

Intachable ambientación de la II Guerra Mundial. Acción frenética. Buen doblaje al castellano. Un motor gráfico potente y suave. Conmovedora banda sonora... Para qué pedir más si de lo que se trata es de pasar el rato dándole al pulgarcito.

De las dos historias paralelas que World at War desarrolla, la mejor es la que se desenvuelve en el frente ruso, y que narra, a grandes pinceladas, el avance soviético entre los fantasmas urbanos de Stalingrado y Berlín. Este hilo argumental ofrece momentos memorables en ciudades devastadas, abandonadas a una violencia y un odio que inquietan por su realismo.



Las ejecuciones sumarias en plena calle, el miedo al enemigo, la vorágine de maldad, fobias, sed de venganza, incertidumbres, angustias, rabia desatada y desconcierto en la batalla que rodea a cualquier conflicto bélico cobran un dramático tinte de vergonzosa poesía, de orgía sangrienta consagrada a Marte, en unos escenarios urbanos de sobrecogedora belleza, iluminados por crepúsculos apocalípticos.

El otro gran acierto del juego ha sido la inclusión de un arma terrible en los escenarios del frente del Pacífico: el lanzallamas. La crueldad de este artilugio queda fielmente reflejada en una poderosa lengua destructiva capaz de arrasar con todo lo que encuentra a su paso, y que ofrece una nueva dimensión a la jugabilidad de este clásico First Person Shooter.

No obstante, Wold at War tiene sus defectos: la inteligencia artificial de los enemigos deja bastante que desear, el juego se hace corto y... es más de lo mismo. Al fin y al cabo, las emociones que transmite este producto de "nueva generación" no distan demasiado de las que antaño nos ofrecían los encantadores píxeles de títulos como Commando (Capcom, 1985) o Green Beret (Konami, 1985) en las viejas salas de recreativos. O al menos así me lo parece. Serán cosas de la edad.

4 comentarios:

PePe dijo...

O tal vez sea que la 2ª Guerra Mundial está sobreexplotada. Al menos, el jugón medio ha matado a estas alturas a más soldados nazis y japoneses que un pelotón aliado.

Y no puedo estar más de aucerdo en eso de que la next-gen es palabrería barata para decir "mira qué pedazo de gráficos", lo cual nunca es garantía de que el juego vaya a ser bueno.

En fin, yo al que sí que le tengo ganas es al Call of Dut 4, que hasta Ben "Yahtzee" Croshaw dice que es la leche. Y si lo dice alguien que se gana la vida mofándose de los juegos actuales de la manera más cruel posible...

Santos G. Monroy dijo...

Pequeño perdedor: al COD 4 también le tengo unas ganas terribles. The Edge (la única revista a la que aún guardo cierto respeto) ha asegurado que sería el juego de guerra total y definitivo, si no fuera por su corta duración. ¡Habrá que agenciárselo cuando salga más barato!
También coincido en lo de la sobreexplotación de la II Guerra Mundial... ¡Y me flipa que tú también seas seguidor de ese puto genio de Yahtzee! Jajaja, te lo dice uno que se ha acabado enteritos y sin ayudas todas las aventuras gráficas de Trilby. ¡Realmente espeluznante! Si las has jugado, me gustaría que algún día las comentaras en tu blog. ¡Saludos!

Corto Maltes dijo...

Me estas incitando a tomar las armas y mandar el trabajo al mismisimo diablo!!! Nunca voy a olvidar las increibles horas que dediqué a el Medalla de Honor. El desembarco en Normandia fué la cumbre.

Isabel Barceló Chico dijo...

Con todos los defectos que tenga este juego, cuenta con una gran ventaja: que no es una guerra de verdad. En estos días de guerras crueles, resultan dolorosos, por extraña paradoja, estos juegos. En fin. Espero que este nuevo año termine mejor de lo que ha empezado. Un abrazo muy fuerte, querido amigo.