4.02.2009

Vértigo de Alfred Hitchcock: el amor en los zaguanes de la muerte

Vértigo es la más inquietante ensoñación de Hitchcock: el vértigo hipnótico y perverso de conducir un Chevrolet del 57 por las rampas de San Francisco, mirar las nalgas de la rubia que fuma en boquilla, besar los labios prohibidos de la esposa de un amigo. El vértigo de arrojarse al vacío líquido del Golden Gate, de tropezar al borde de una fosa, de traspasar las fronteras malvas de la muerte... O aún peor: de enamorarse del fantasma de una mujer.


La película turba tanto como descubrirse culpable de asesinato, o como desear a alguien en la quietud de un cementerio. El maestro seduce con una sucesión de planos y secuencias acompasadas por la diabólica y magnética melodía: los silencios de un voyeur que persigue el recuerdo de un cadáver, soles espectrales en las calles del París americano, la enfermiza relación de adúlteros en una noche de galerías infinitas, la transmigración de almas atormentadas en los zaguanes de otros siglos.

Vértigo es una desasosegante parábola necrófila en la que no existe el remordimiento de los besos proscritos, ni el desaliento ante el pasado, sino la ambigüedad de los deseos. Vértigo es una genialidad entregada al simbolismo fálico de las torres. Las torres que nos enfrentan a los más oscuros caprichos del hombre, a las simas de nuestras impotencias... Todo lo que no pudimos tener lo vemos desde campanarios. A esos deseos insatisfechos, que se alejan en contrapicados y se disuelven, para nuestra desgracia, en fundidos encadenados.

3 comentarios:

Isabel Romana dijo...

La vi hace tantos años, que no la recuerdo bien. Lo que me quedó grabado es la caída de la mujer desde lo alto del campanario...Increíble Steward. La verdad, es que estamos viviendo unas noticias que me hacen sentir vértigo a mí también. Besitos.

Corto Maltes dijo...

Que pelicula del maestro del suspenso. En realidad soy un incondicional de todo el cine de Alfred. Esta debe estar en el segundo lugar pegadito a "Los pajaros" que se lleva la corona.

Ángel dijo...

Yo llegué a este blog detrás de "La canción de Juan Perro" y Borges... y ahora sales con ¡Vértigo! Te has descubierto, Santos Monroy... ¿Quién eres? ¿Para quién trabajas? ¡No me cogeréis con vida!