6.26.2009

Michael Jackson y la muerte de los sueños

Michael Jackson se topó de bruces con la dama blanca, en su agotadora remontada contra el tiempo, en su desquiciante brazada a contracorriente de la vida. Quiso ganar la infancia desdibujándose a sí mismo, perdido en el Nunca Jamás de su existencia para convertirse, finalmente, en el juguete roto de sus propias ensoñaciones.

Michael Jackson es el trágico remedo de nuestras dudas, es la manifestación psicópata de nuestra lucha ontológica. "Yo sé quién soy, y sé lo que puedo ser", afirmaba desesperadamente Don Quijote en el fragor de su locura.

Lúcida intuición la de Cervantes: la tragedia del hombre es abismarse en la sinrazón ante sus fantasías hechas realidad.

4 comentarios:

Corto Maltes dijo...

Un poetico comentario a la muerte de este artista que, no se puede negar, le marco la vida a muchos.

Pequeño perdedor dijo...

Lo peor de todo esto es que el culpable último de muchas de sus desgracias, su padre, nunca pagará por haberle destruido la infancia.

Pero aún nos queda un consuelo: volver a escuchar "Beat It", "Billie Jean" o "Thriller", y a recodarle como pasará a la historia del pop: en la cima de su triunfo.

Ángel dijo...

Los padres son los responsables del comportamiento de sus hijos y esos hijos del comportamiento de sus hijos y así sucesivamente. Las palabras de Pequeño perdedor me han recordado un soneto de Borges que terminaba diciendo:
"Dios mueve al jugador y éste la pieza/ qué dios detrás de Dios la trama empieza".

Isabel Romana dijo...

Me quedo impresionada ante tu reflexión. Con razón ya pensaba yo, intuitivamente, que era mucho mejor que no se nos concedieran todos nuestros deseos... Un abrazo muy fuerte.