10.15.2007

Lunar Park

La última novela de Bret Easton Ellis no ha sido bien digerida por ese sector de la crítica que la considera como una derivación burda, un entretenimento literario y una banal incursión del autor de "American Pyscho" en el género de terror al más puro estilo Stephen King. A mi juicio, Lunar Park se trata de un magnífico ejercicio de metaliteratura en su más ambiciosa expresion. Hacer literatura de la literatura no es algo nuevo, pero aquí el autor se retrata a sí mismo, y a los personajes de sus anteriores novelas, como protagonistas de una pesadilla donde lo de menos son los sustos de trenillo de la bruja que el curso narrativo pueda deparar al lector. Sí, con esta novela se pasa miedo, pero en Lunar Park los verdaderos fantasmas están en la mente del protagonista: los espectros del éxito mal digerido, los del sexo mecánico y brutal, los de las relaciones paternofiliares y los de la incomprensión en la convivencia en pareja. La novela comieza como un diario, crudo y directo, de los primeros años de un Easton Ellis al que le viene grande la fama conseguida como escritor maldito. Desde las fiestas con estrellas de Hollywood, desde las cataratas de dólares sobre mesas repletas de coca y apartamentos de lujo en Manhattan, la vida del joven Easton Ellis se lanza por un tobogán en espiral que finalmente acaba dejándole patas arriba en un paisaje surrealista envuelto en las brumas de la droga, el sexo y el alcohol. A partir de ahí, el mundo que rodea al protagonista se difumina en sombras, se licúa en una metarrealidad de perfiles difusos, arrastrada en una vorágine terrorífica, en un huracán de malos sueños en los que también tienen cabida las incertidumbres de las nuevas tecnologías, los ordenadores, los videojuegos y la televisión. Ahí está el gran acierto de una novela en la que el lector es plenamente consciente de que las atormentadas tribulaciones del protagonista quizá sólo estén en su propia cabeza, al margen del atractivo de la mezcla de géneros que en Lunar Park encajan de forma tan compacta como un juego de muñecas rusas: desde el thriller criminal hasta la novela gótica, pasando por la narrativa de denuncia. Lunar Park posee, además, uno de los mejores finales escritos jamás por Easton Ellis, tres páginas de un lirismo conmovedor que redimen a la obra de sus escasas deficiencias. La novela divierte con sus anécdotas, asusta con engendros de pesadilla, e intriga con las correrías de un serial killer. Pero, por encima de todo, nos hace reflexionar sobre la infelicidad y la incomunicación del ser humano.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me la leí hace unos meses y me parece una novela linda, de esas que te reconcilian con la lectura y hacen que no puedas dejar de pasar páginas. Dicho sea de paso, el libro inspiró la temática del último disco de Porcupine Tree. ¡Saludos desde México DF!