7.28.2009

Los hombres que no amaban a las mujeres, Larsson y los lupanares del marketing editorial

Creo que he vuelto a hacer el tordo, y mira que me lo tengo dicho: que no te camelen los lupanares literarios, que en ellos pierdes tiempo, dinero y estilo. Huye de las sirenas del marketing, que hasta a las verrugas convierte en perlas. Cuídate de las traducciones apresuradas por cumplir los plazos inmisericordes de las grandes editoriales... Mira bien, mochuelo de mis entretelas, que no ha de salir nada provechoso de esas pilas de libros vendidas en cinco minutos, de esas hordas fanáticas de hinchas noveleros a las puertas de la Fnac... Pero lo hice, mísero de mí, engatusado finalmente por la aciaga curiosidad, y me cargué a la paletilla el pesado primer volumen de la trilogía Millenium.

Y no digo yo que Los hombres que no amaban a las mujeres, de Stieg Larsson, carezca de méritos. No, no diré que no entretenga, ni que su trama carezca de intríngulis. Puestos a ser clementes, se le podría perdonar cierto regustejo a drama familiar de telenovela de agosto, o esa estructura argumental en forma de sándwich, que encierra una historia en otra sin una conexión demasiado sólida, con el único objetivo aparente de alcanzar las 666 páginas.

Pero definitivamente fue la prosa, o al menos la traducción al español, lo que me descabalgó de la novela. Los clichés literarios, el lenguaje ripioso, la reiteración de imágenes, o las descripciones y referencias machaconas pueden ser incluso reclamos para un lector de sombrilla y tumbona, pero, en mi opinión, son imperdonables en una obra aclamada durante año y medio por la crítica mundial, y situada ya en el primer puesto del ranking de novelas más vendidas de la historia.

El estilo está tan masticado que dan ganas de regurgitarlo, y es una pena, porque barrunto que el original sueco sí puede estar a la altura de las circunstancias. De hecho, hay suficientes elementos temáticos en la obra para tenerla en digna consideración: la crítica a la industria editorial y al sector periodístico, sobre todo; pero también el desconsuelo de la urbe moderna, el invierno de las almas solitarias, la fetidez de ciertos estratos empresariales, la incomunicación con nuestros compañeros de existencia, la pesadilla cotidiana de la violencia de género...

La pena es que su envoltorio formal hace aguas. Y como de lo que tratamos ahora es de novela negra, de calidad y en español, muchos haríamos mejor en regresar a nuestros paisanos, que en esto se las dan como panes a Larsson y a la madre que parió a los suecos. Prueben, prueben con Vázquez Montalbán y con Eduardo Mendoza, o con los impagables Juan Madrid y Andreu Martín. Con ellos, a buen seguro, se nos quitaría la tontería.

6 comentarios:

Antero dijo...

Como se suele decir, para gustos, los colores. Me atrapó este libro y el segundo de la trilogía, todavía más.
La trama está genialmente hilvanada y los dos personajes principales llevan muy bien el peso de la obra.
Quizá, el final podría estar algo más elaborado, pero este libro es de los que recomiendo cuando me preguntan.

Tomo nota de tus recomendaciones y leeré algo de lo que aquí sugieres
saludos

Corto Maltes dijo...

Estoy igual que tu, Santos. Cuando leí este primer volumen no sabia que opinar de el y despues leí el segundo y fué entonces que me di cuenta que habia perdido el tiempo. Creo que las editoriales estan desesperadas por encontrar cosas nuevas que vendan un monton y parece que no se les ocurrió mejor idea que ir a Suecia a buscarla. En si la novela creo que no aporta nada de nada al genero policiaco. Lo de la denuncia periodistica y la decadencia social es una especie de pequeño condimento que no llega a comprometer a nadie. Lo unico que se rescata de este libro es el personaje de Salander que veo que se convertira en la nueva Sherlok Holmes, Hercules Poirot o tal vez, Mis Marple de la era moderna (eta en vez de preguntar y preguntar entra a internet) y eso explicaria la explosion de ventas porque si no, no me explico com puede vender tanto una novela tan lenta y pesada.

Isabel Romana dijo...

Leí este libro el verano pasado y me gustó. Por mi parte, no lo leí como novela negra, sino como novela a secas. Y me parecío que hacía un retrato bastante acertado de todas las enormes hipocresías de nuestra sociedad (en la que incluyo la sueca), la tendencia de todo el mundo a hacer apaños, del terrible desamparo al que están sometidos los desamparados (y esto lo digo por la Salander y su "tutor", nada alejado del escándalo mayúsculo en Irlanda por los abusos en los asilos de menores, y de otros sitios porque no se sabe), por el olímpico desprecio a la verdad (y esto va por el abuelo que, una vez conocido el destino de su nieta y las fechorías de sus otros parientes, prefiere mil veces silenciarlo) y, en fin, algunas cosas más que me parecieron interesantes. Tengo pendiente la segunda entrega, porque son libros tan gordos que hay que abordarlos con tiempo de lectura prolongado, de lo contrario pueden durarte una eternidad. Veremos qué me parece el segundo.

Ángel dijo...

Yo tenía ganas de leerme estos libros hasta que vi las primeras imágenes de la película. Y ahora con tus comentarios me quedo más tranquilo. Le dedicaré el tiempo veraniego a Frederic Brown.

Ventura dijo...

Disiento.
Me gustó y lo encontré fresco (y no por la climatología).
Pero como estás en tu casa y yo, pasaba por aquí, te pido disculpas y acepta mis saludos, por fav or.

Santos G. Monroy dijo...

Ventura: No hay por qué pedir disculpas, hombre. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de disfrutar de la literatura, conforme a nuestros porpios gustos.

Isabel: dicen que el segundo libro es mucho mejor que el primero... Mucho me temo que me volverá a vencer la curiosidad...

Corto: jejej, sigo pensando que somos almas gemelas.También opino que la novela no aporta nada al género negro.

Angel: espero con mucho interés tus recomendaciones sobre Brown, que sigue siendo una de mis asignaturas pendientes, pese a las buenas críticas.

Antero: tampoco lo niego: el libro atrapa e interesa, y se lee sin dolor. Yo también lo recomendaría, pero advirtiendo de sus defectos.

Gracias por vuestros comentarios, amigos.