8.06.2009

Ciudad Real: La leyenda de la provincia sin nombre

Ciudad Real es el salvaje Oeste de una región en quiebra política y económica. La Mancha es el decorado en cartón piedra de un ridículo spaghetti western, una frontera sin ley devorada por la fiebre del oro. Un Silverado de pacotilla: aquí yacen los cadáveres despojados por los buitres del ladrillo, abandonados en las llanuras de la estafa como las osamentas de búfalos acribillados a tiros. Aquí la vida se dirime por un puñado de dólares, en tinglados de saloon, entre faroleros de póker, forajidos y cazadores de recompensas de voracidad ilimitada.

Cenizas y pólvora. Ciudad Real ha sido víctima de asalto y rapiña, el escenario de un duelo al sol entre cowboys de cemento y hormigón. Ciudad Real es tierra de jinetes pálidos cuya ambición es la única Justicia. Un territorio comanche. El rosario de casquillos de una balacera de intereses.

CCM. Grotesco Wells & Fargo: revientan el banco con la dinamita de las prebendas financieras. Les llamaban Trinidad. Los cuatreros cabalgan hacia el ocaso, bailando con lobos, dejando una estela de créditos sin ejecutar y centenares de parados. Mientras, el Gobierno elude responsabilidades ante la usurpación descomunal, agachando el sombrero bajo el repiqueteo de los Winchester de repetición.

Llueven flechas envenenadas sobre el Pony Express. Las diligencias levantan el polvo de proyectos marchitos. El tipógrafo coloca los plomos al dictado de doce hombres sin piedad, y en la horca pende un muerto linchado con hipotecas fabulosas.

Prodigios del lejano Oeste: la provincia es un desfiladero traidor de negocios privados, pero pagados por un contribuyente a quien se busca vivo o muerto. Aquí Buffalo Bill es sólo un payaso farandulero. El compadreo es proverbial. Empresas dentro de empresas, pirámides societarias hilvanadas por intereses amigos que fuerzan a la modificación de leyes parlamentarias. El Guadiana es el Río Bravo desecado por la avaricia y el descontrol. Ranchos construidos a las orillas de Ruidera. Little Big Horn. Patrimonio histórico quemado hasta los cimientos, barrido a cañonazos por el ejército de Custer.

Hay un casino abandonado en el corazón La Mancha. Don Quijote de Las Vegas. Hay una Cámara de Comercio cuyos miembros fueron elegidos sin legitimidad. Hay sheriffs que acaparan viviendas de protección oficial. Fundaciones perdidas que gestionan dinero sin control. Buscadores de plata, empresas del desierto, adoradoras del sol dedicadas a energías renovables que compraron la tierra a precio de ganga y acapararon ayudas públicas para amenazar, ahora, con desenterrar el hacha de guerra. El Tomahawk de los ERES.

Ciudad Real es la leyenda de una ciudad, de una provincia, a la que apenas le queda el nombre.

4 comentarios:

Corto Maltes dijo...

Genial y original manera de ser critico y comprometido. Te felicito una vez mas.

José Manuel dijo...

Me adhiero a la felicitación de Corto, me ha parecido genial.Un fino análisis de lo que, desgraciadamente, no es sino la cruda realidad de una provincia saqueada por la codicia, y traicionada por una clase política ramplona y miserable.Enhorabuena una vez más, santos.

Armando dijo...

Pero, ¿cómo conseguimos salir de esta blogosfera inocua?

Santos G. Monroy dijo...

Corto y José Manuel: Gracias por vuestras visitas amigos. Qué grato contar con la atención de personas dispuestas a la reflexión y al diálogo. Por cierto José Manuel, enhorabuena por tus brillantes comentarios en modus tolens. Por si mismos constituirían los post de un magnífico blog.
Armando: Me temo que reflexiones y denuncias de este tipo nunca saldrán de la blogosfera, aunque yo personalmente no la consideraría inocua. No deja de ser, al fin y al cabo, una maravillosa herramienta para quien quiera conocer y contrastar... Algo que hace tan solo dos lustros era impensable.
¡Saludos!