9.17.2008

Richard Wright regresa al polvo estelar

Los primeros discos de Pink Floyd se me han antojado siempre como la banda sonora de una añeja película de ciencia-ficción, quizá sugestionado porque la primera "canción" que recuerdo haber escuchado de ellos fue el soberbio tema Echoes de su disco Meddle. Esta composición de 24 minutos iba a ser la banda sonora de una de las fases del alucinógeno viaje de los tripulantes del crucero espacial Discovery, en el film "2001, una odisea en el espacio", hasta que las desavenencias entre los miembros del grupo (Waters y Gilmour, principalmente) y el cineasta Stanley Kubrick dieron al traste con el proyecto. Aún así, siempre nos queda ese maravilloso disco, y otros muchos de la banda, injustamente considerada, sobre todo tras el advenimiento del punk, como uno de los viejos dinosaurios del rock.



El tiempo ha puesto a cada uno en su lugar, y Pink Floyd sigue siendo celebrada como una de las agrupaciones más influyentes de todos los tiempos. Por eso, sucesos como el reciente fallecimiento de su teclista, Richard Wright, se merecen una mejor cobertura por parte de los grandes medios de comunicación españoles, que han ignorado totalmente o pasado de puntillas por la noticia, mientras anuncian a bombo y platillo cualquier tordo-anécdota discográfica de nuestras glorias nacionales, ya tengan nombre de oreja, ya rastas de diseño, ya hagan moñaflamenco, ya clonarumbapop.
Wright ha sido, amén del miembro más simpático y menos polémico de la banda, un puntal imprescindible en la personalidad musical floydiana. Y ha sido responsable, junto a la lánguida guitarra de Gilmour, de esos viajes sónicos por las diminutas galaxias de la mente, de esa textura astronómica, de esa locura iridiscente de supernova que estalla y muere en un fractal de sonidos. Wright ya es polvo estelar. Que el Espíritu Galáctico lo acoja en su seno.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Amén

Fripp dijo...

Diría incluso que sin el los Pink Floyd hubieran seguido un camino muy diferente. La evolución de la banda lleva claramente su batuta desde el mítico "The Piper at the gates of a dawn" hasta el Dark side of the moon", es decir, los discos más importantes (e interesantes)