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4.02.2009

Vértigo de Alfred Hitchcock: el amor en los zaguanes de la muerte

Vértigo es la más inquietante ensoñación de Hitchcock: el vértigo hipnótico y perverso de conducir un Chevrolet del 57 por las rampas de San Francisco, mirar las nalgas de la rubia que fuma en boquilla, besar los labios prohibidos de la esposa de un amigo. El vértigo de arrojarse al vacío líquido del Golden Gate, de tropezar al borde de una fosa, de traspasar las fronteras malvas de la muerte... O aún peor: de enamorarse del fantasma de una mujer.


La película turba tanto como descubrirse culpable de asesinato, o como desear a alguien en la quietud de un cementerio. El maestro seduce con una sucesión de planos y secuencias acompasadas por la diabólica y magnética melodía: los silencios de un voyeur que persigue el recuerdo de un cadáver, soles espectrales en las calles del París americano, la enfermiza relación de adúlteros en una noche de galerías infinitas, la transmigración de almas atormentadas en los zaguanes de otros siglos.

Vértigo es una desasosegante parábola necrófila en la que no existe el remordimiento de los besos proscritos, ni el desaliento ante el pasado, sino la ambigüedad de los deseos. Vértigo es una genialidad entregada al simbolismo fálico de las torres. Las torres que nos enfrentan a los más oscuros caprichos del hombre, a las simas de nuestras impotencias... Todo lo que no pudimos tener lo vemos desde campanarios. A esos deseos insatisfechos, que se alejan en contrapicados y se disuelven, para nuestra desgracia, en fundidos encadenados.

10.30.2008

Blade Runner: The Final Cut

Blade Runner (Riddley Scott, 1982) es un poema negro y crepuscular, una balada visual siniestra e hipnótica, que nos enfrenta, inmisericorde, ante nuestras propias debilidades.
Pocas películas han ejercido semejante fascinación sobre millones de espectadores. Cine negro engarzado en ciencia-ficción, y niña bonita de todo un género, el cyberpunk, la obra maestra de Ridley Scott encierra la épica tragedia de una historia apasionante: la de los replicantes Nexus 6 como espejo cibernético de nuestras incertidumbres existenciales; esa angustiosa agonía de desconocer nuestra fecha de caducidad aun a sabiendas de que ésta ha de cumplirse inexorablemente..., amiguetes.
A estas alturas no hará falta incidir en la tensión dramática del guión; en la sublime banda sonora de Vangelis, que se adapta primorosamente a cada secuencia; o en la belleza de la fotografía de este film de culto. Pero sí viene a cuento rescatarlo ahora porque no ha mucho llegó a mis manos el maletín de coleccionista comercializado con motivo de la edición del montaje final de la peli:



Una frikimaravilla que a buen seguro me tendrá pegado a la pantalla muchas horas. La misma que será reeditada en alta definición a partir del 18 de noviembre.
Y para no pensar que he hecho el papanatas adquiriendo la edición dvd a falta de semanas para que aparezca la de "pata negra", sírvame de desahogo relamerme por el módico precio de adquisición (50 euros frente a los 100 que constará la versión blu-ray), y que de momento estoy pasándomelo teta con la dichosa maleta, que diría el poeta.
La película ha sido maravillosamente remasterizada, con algunas escenas añadidas; la inclusión de un audio 5.1 que le da una sobrecogedora profundidad al sonido y las composiciones (ah, ese one more kiss dear)...



...y una virtuosa revisión y remasterización de todo el metraje, incluidos los efectos especiales, que pondrá punto a boca a aquellos que se descojonaban al darse cuenta de que los coches volaban... colgando de unos cables.
Hasta aquí, las novedades, si bien interesantes, no son tan espectaculares. Lo bueno de verdad viene con las nueve horas de material extra, especialmente con el nuevo documental "Días peligrosos, cómo se hizo Blade Runner", que contiene unos 180 gloriosos minutos de material inédito; así como el dvd dedicado a otros antojos de bladeadictos, como la novela en la que se basa la película ("¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", de Philip K. Dick), el diseño gráfico, vestuario, trailers, carteles...
En fin, un delicatessen irresistible para los fetichistas de la cinta, o para los legendarios héroes que ahorraron 100 euros en los últimos meses.

10.06.2008

Graham Greene: El Tercer Hombre

Graham Greene es el novelista de los atardeceres de posguerra, el cronista de dobles agentes e intrigas sórdidas en un mundo desmoronado. Sus novelas son la ventana a una Europa cuarteada como un tablero de ajedrez en el que las fichas humanas se mueven en casillas de nieve, ceniza y escombro. Y "El tercer hombre" es la píldora que condensa ese paisaje de calma tensa por el que cabalgan aún los Jinetes del Apocalipsis de una contienda desmesurada.
Tradicionalmente se ha valorado más a "El tercer hombre" como guión por encargo para la magnífica película homónima que como obra literaria propiamente dicha. Incluso Greene dio a entender en alguna ocasión que muchas de sus obras podrían compararse con aquellas novelitas del Oeste que se intercambiaban en los estancos de viejo, firmadas por oscuros autores que mutaban su seudónimo en cada título.
Sí, "El tercer hombre" nació como guión por encargo y apenas ocupa unas decenas de páginas, pero qué guión, qué atmósfera, qué diálogos y qué intensidad hay en ellas.
Los misteriosos sucesos que rodean a la muerte Harry Lime se desarrollan en una Viena muy diferente de la que conocemos hoy. La vieja capital del imperio austro-húngaro, ajada por un invierno postbélico que obliga a abrir el suelo con perforadores neumáticos para enterrar a los muertos. Una metrópolis desdentada, de ciclópeas estatuas adornadas con lágrimas de lluvia, de una grandeza carcomida por las bombas y la metralla. Despedazada por aliados desconfiados. De callejones solitarios que no son extraños a asesinatos, secuestros y robos. Una ciudad de estraperlo y contrabando, de fantasmagóricas norias y lúgubres pasadizos que horadan las entrañas de la tierra.
Los personajes buscan su razón de ser en este onírico universo, rodeando a un aturdido protagonista, Rollo Martins, que se debate entre su complejo de inferioridad como escritor, sus ideales de amistad y su afición a la bebida y a las mujeres.
La obra rezuma el desengaño de la traición. Es el canto del cisne de la amistad juvenil, un grito de soledad en momentos difíciles, una denuncia de la rapacidad y del egoísmo. Pobre Martins. Pobres de todos nosotros.

9.30.2008

Steven Wilson es un Insurgente

El líder de Porcupine Tree, el genial Steven Wilson, sigue intrigándonos con el goteo de noticias acerca de su primer trabajo en solitario, titulado "Insurgentes", el mismo nombre de la avenida más larga de México D.F. Hace escasas horas publicaba en http://www.insurgentes.org/ el segundo trailer de promoción, una turbadora sucesión de imágenes acompañadas de un misterioso tema enrocado en la experimentación.



Acojona lo justo, y promete aún más. El álbum del más listo de la clase ha sido grabado en diversos países, entre los meses de enero y agosto. En un principio, saldrá a la venta en noviembre, sólo vía web, en una versión de lujo limitada a 3.000 copias. Doble cd más DVDA y demás chuminás wilsonianas.
El disco físico estará en las estanterías a principios de 2009, como preludio a la publicación del documental "Insurgentes", dirigido por Lasse Hoile. Según Wilson, esta peli se trata de una road movie musical que homenajea a los pocos artistas que siguen trabajando por amor al arte y pasándose por el forro a la fama y al dinero. Será, asimismo, una elegía al álbum tradicional como obra de arte integradora de música, diseño, poesía, lenguaje audiovisual y producción... Y abordará también los retos y dificultades del músico ante un amenazador mercado dominado por internet, los iPods, Mp3's y la cultura del intercambio P2P.
Veremos su estreno en los festivales del próximo verano. ¡Cuán largo me lo fiáis, amigo Wilson!

9.17.2008

Richard Wright regresa al polvo estelar

Los primeros discos de Pink Floyd se me han antojado siempre como la banda sonora de una añeja película de ciencia-ficción, quizá sugestionado porque la primera "canción" que recuerdo haber escuchado de ellos fue el soberbio tema Echoes de su disco Meddle. Esta composición de 24 minutos iba a ser la banda sonora de una de las fases del alucinógeno viaje de los tripulantes del crucero espacial Discovery, en el film "2001, una odisea en el espacio", hasta que las desavenencias entre los miembros del grupo (Waters y Gilmour, principalmente) y el cineasta Stanley Kubrick dieron al traste con el proyecto. Aún así, siempre nos queda ese maravilloso disco, y otros muchos de la banda, injustamente considerada, sobre todo tras el advenimiento del punk, como uno de los viejos dinosaurios del rock.



El tiempo ha puesto a cada uno en su lugar, y Pink Floyd sigue siendo celebrada como una de las agrupaciones más influyentes de todos los tiempos. Por eso, sucesos como el reciente fallecimiento de su teclista, Richard Wright, se merecen una mejor cobertura por parte de los grandes medios de comunicación españoles, que han ignorado totalmente o pasado de puntillas por la noticia, mientras anuncian a bombo y platillo cualquier tordo-anécdota discográfica de nuestras glorias nacionales, ya tengan nombre de oreja, ya rastas de diseño, ya hagan moñaflamenco, ya clonarumbapop.
Wright ha sido, amén del miembro más simpático y menos polémico de la banda, un puntal imprescindible en la personalidad musical floydiana. Y ha sido responsable, junto a la lánguida guitarra de Gilmour, de esos viajes sónicos por las diminutas galaxias de la mente, de esa textura astronómica, de esa locura iridiscente de supernova que estalla y muere en un fractal de sonidos. Wright ya es polvo estelar. Que el Espíritu Galáctico lo acoja en su seno.

9.15.2008

Muerte entre las flores

Muerte entre las flores (Miller's Crossing) es una de esas bellas películas de hombres con sombrero, de buscavidas elegantes y mujeres fatales, de gabardinas grises en tétricas cabinas de teléfono, de metralletas Thompson que amenazan desde las ventanillas de un Ford T, de cigarrillos encencidos en alcobas de penumbra.
Los hermanos Coen firmaron en 1990 este homenaje al cine negro americano que supera a muchas de las cintas en las que se inspiró. Esta película debería estar, a mi juicio, en cualquier ránking de las 50 mejores de la historia. Es uno de esos films que acarician la vista en cada secuencia; que destilan buena crianza e hipnotizan con un poético arrullo merced, en gran medida, a la magistral fotografía de Barry Sonnenfeld. El neblinoso bosque de coníferas, los oscuros callejones de una ciudad desconocida, los lujosos clubes de alterne o los destartalados almacenes de la Prohibición son algunos de los escenarios, ricos en guiños y detalles, por los que la cámara dirige sin esfuerzo a un espectador atrapado en la irresistible tensión dramática.
Las bondades estéticas, la banda sonora de encantadores matices irlandeses y el guión engrasado como una maquinaria de relojería son el aderezo de una coral de personajes atormentados que se maltratan con diálogos ácidos e inteligentes. Así, la parodia de género, el humor (el especial sentido del humor de los hermanos Coen) y las acertadas secuencias de acción herederas de la estética del cómic, construyen un mundo de seres ambiguos que viven al día, sumidos en un pozo de amargura y desconfianza mutua. En este sentido destaca la excelente interpretación de personajes como Tom Reagan (Gabriel Byrne), uno de los sinvergüenzas más vapuleados del cine noir; el histriónico mafioso Johnny Caspar (Jon Polito); o el granuja homosexual Bernie Bernbaum (John Turturro).
Muerte entre las flores es el retrato de una sociedad muy parecida a la actual, igual de salvaje en el fondo aunque más cándida en las formas. Una sociedad macerada con humo de cigarro y whisky solo: una descomunal jaula de individuos que sueñan con una frenética carrera detrás de un sombrero arrebatado por el viento... y que nunca pueden alcanzar.