
Escuchad. Viene atravesando la hojarasca. Es Tom Bombadil, el espíritu de los bosques. Huele a leña quemada, sus cabellos son de niebla, en sus ojos titilan hogueras en un claro de robles, y su voz es el son del viento en la hierba...
Jethro Tull firmó en 1977 este soberbio trabajo de seductoras espesuras tolkianas: de árboles viejos que nos miran con una tristeza de siglos, veredas que conducen a un ocaso cerúelo, posadas perdidas en los recodos de una aventura, viajeros que cantan canciones alrededor de un fuego de medianoche.
El líder de la banda, Ian Anderson, seguía siendo a finales de los 70 ese genial perrifláutico de conciertos fabulosos, el trovador chalao que encandilaba a hippies y neochamanes de la marihuana, mientras grababa discos que aún hoy exhalan magia por todas sus pistas.
Y "Songs from the wood" es uno de los exponentes de aquella época dorada. Un elenco de canciones pastoriles pinchadas en tablaturas rockeras, folk medieval de hechizos celtas para irse de farra con nuestros amigos los trolls, cachondearse con los ents de lo mendrugos que son los gnomos, echar unas risas con los druidas, o llevarse a la cama a esas antipáticas elfas, tan relamidas y virginales.
Claro que con este pelaje de lunáticos setentero-salidos...
...¿qué os esperabais?
El disco transmite un dulce cariño por la Naturaleza. Viaja por frondosidades catedralicias, persigue a Galadriel por los resquicios de la aurora, devuelve el delicado rasgueo de juglares en un festín, envuelve al invierno en una calidez de terciopelo verde, flirtea con la música de cámara, y nos anuncia una Navidad montaraz como una égloga de cascabeles y violines.
Aún hoy, es un placer regresar a esta pequeña maravilla. Al placer de vivir en un mundo de héroes, misteriosas encrucijadas, pueblos de piedra y antorchas... Y Navidades sin burbujas Freixenet (¡Puag!).



Disfruté como un enano de la relectura de uno de mis clásicos favoritos de la literatura fantástica: Las Puertas de Anubis, de Tim Powers. Siempre he pensado que Powers es uno de los grandes maestros del género, y que esta novela condensa todas las excelencias del autor: una documentación histórica exhaustiva, un fino sentido del humor, un endiablado ritmo narrativo, y una desbordante imaginación a la hora de describir escenarios y situaciones. Las Puertas de Anubis nos pone en la piel de Brendan Doyle, un profesor de literatura que es contratado por un misterioso millonario para participar en un increíble viaje temporal al Londres de 1810, a una época marcada a sangre y fuego por las guerras napoleónicas. La novela introduce decenas de elementos que la convierten en única: la sabia mezcla de referencias literarias (desde Coleridge hasta Byron, pasando por Dickens); la galería de personajes sacados de cualquier cuadro de El Bosco, como ese ejército de mendigos deformados que sobrevive en las cloacas; o la propia ciudad de Londres, que aquí cobra el aspecto de una sombría metrópolis al más puro estilo "noir".Las Puertas de Anubis sigue un guión marcado por lo mágico, pero con una magia controlada, sujeta a reglas estrictas que evitan el "todo vale" para resolver argumentalmente las situaciones. Son interesantes también los rizos narrativos que Powers consigue jugando con los saltos temporales y los pasados paralelos. El libro se convierte así en un sabrosón divertimento que aporta, por otro lado, curiosas versiones de los mitos y leyendas egipcias, del hombre lobo, o del arquetipo de las máquinas del tiempo. Y todo con una digna traducción al español (marca de Albert Solé), que se lee apenas sin esfuerzo. Sin duda, un libro recomendado para solazarse de forma inteligente en las tórridas tardes veraniegas...
